Trastornos alimenticios
y estereotipos de belleza

Obesidad infantil

A lo largo de la historia, el concepto de belleza ha ido cambiando, siendo asociado en cada época a determinadas características socialmente aceptadas como atributos de atracción.

Actualmente se observa un predominio comunicacional que establece desde la publicidad y la moda, la delgadez como sinónimo de belleza y éxito social. Con el avance de los medios de comunicación masiva y el uso de redes sociales, esto se intensifica: imágenes femeninas y masculinas súper delgadas, al límite de poner en riesgo la salud. Esta imposición social puede llegar a generar, sobre todo en jóvenes y adolescentes, una obsesión por la delgadez. Pudiendo padecer trastornos alimenticios como la bulimia y anorexia, que si avanzan pueden ser de gravedad. La anorexia nerviosa es un trastorno alimentario que se caracteriza por el miedo o terror a engordar y una distorsión de la imagen corporal. A pesar de tener un peso normal o bajo peso, la persona se percibe excedida de peso, lo que conlleva una relación anómala con la comida. En el caso de la bulimia nerviosa, las personas caen en atracones de comida, generalmente a escondidas, seguidos por un sentimiento de culpa por la sobreingesta de alimentos que intentan compensar mediante vómitos auto-inducidos o hiperactividad.

¿Qué cosas nos dan indicios de que puede haber un trastorno alimenticio? Cuando hay:
• Distorsión y rechazo de la propia imagen corporal, imponiéndose dietas excesivas.
• Atracones de comida, compensados por provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas.
• Valoración del peso o figura como prioridad. Miedo intenso a convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal.
• Presencia de amenorrea (ausencia de ciclos menstruales).
• Ejercicio físico excesivo, hiperactividad.
• Rechazo selectivo de algunos alimentos y/o su manipulación excesiva: esconderlos, lavarlos, desmenuzarlos, retirar grasa y encontrar gran cantidad de desperdicio.
• Ingesta rápida y casi sin masticar, o prolongación exagerada del tiempo de comida.
• Sensación de no poder parar la ingesta.
• Abuso de líquidos para compensar el hambre.
• Carácter irritable y oscilante entre la euforia y la depresión.

Los trastornos de la conducta alimentaria se pueden curar, con el soporte familiar adecuado, la implicación de la persona afectada y un tratamiento especializado. Al tratarse de una problemática multifactorial, donde interviene lo social, lo emocional, lo físico, lo vincular, es muy importante que estemos atentos para poder colaborar con quien lo padece, ayudando a la recomposición de su autoestima, brindando contención y acompañamiento. Y si descubrís en vos alguna de estas características, no dudes en pedir ayuda.
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